SALVAR VIDAS NO DEBERÍA COSTAR VIDAS
DR. JOSÉ FÉLIX ROJO CANDELAS
SNTSA 37
17 agosto 2026

“Lo único que puede salvar a un ser humano es otro ser humano”.
Médicos sin fronteras
El pasado 19 de agosto, en el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, el Clúster Global de Salud, coordinado por la Organización Mundial de la Salud, lanzó un mensaje que es capaz de apachurrar el corazón: «Salvar vidas no debería costar vidas». Y, sin embargo, esa es exactamente la realidad que enfrentamos cada día, en México y en cada rincón del mundo donde la violencia y el olvido se ensañan con los más vulnerables, y con quienes tratan de tender puentes de cuidado.
Entre enero de 2024 y agosto de 2025, la OMS documentó 2,450 ataques contra la atención sanitaria en 21 países y territorios. Estos ataques provocaron 2,060 muertes y 2,395 heridos entre pacientes y personal de salud, personas que simplemente buscaban aliviar el dolor ajeno (Organización Mundial de la Salud, 2025). Pero lo más doloroso es que 1,392 de esos ataques estuvieron dirigidos específicamente contra personas trabajadoras de salud mediante asesinatos, lesiones, secuestros, arrestos o intimidación.
Durante el año 2025, los ataques contra personal de salud dejaron un mapa del dolor que, mínimo, debería estremecernos:
– Ucrania: 310 ataques contra instalaciones y personal de salud.
– Territorios Palestinos ocupados: 304 ataques.
– Sudán: 38 ataques que, de manera desproporcionada, causaron 933 muertes de trabajadores y pacientes (Organización Mundial de la Salud, 2025).
Vaya que se siente impotencia, sí. Pero no podemos quedarnos de brazos cruzados. Porque el Derecho Internacional Humanitario es claro: los hospitales, el personal médico y los pacientes están protegidos, incluso en zonas de conflicto. La Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 estableció las normas fundamentales que todos los Estados deberían respetar y proteger (Asamblea General de las Naciones Unidas, 1948). Sin embargo, esa protección se ha vuelto, en demasiados casos, letra muerta.
Esta frase terrible debe tomarse con especial cuidado, porque en los últimos años ha habido un cambio profundo que debemos entender como trabajadoras y trabajadores de la salud. Médicos Sin Fronteras, en su informe «La atención médica en el punto de mira», ha documentado algo alarmante: ya no se habla de «errores» o «daños colaterales». Ahora, algunos gobiernos y fuerzas militares argumentan que los hospitales y el personal médico «han perdido la protección» que les otorgan las leyes internacionales. Esa es una línea que de ninguna manera podemos permitir que se cruce.
Erik Laan, quien es experto en incidencia política de MSF, lo explicó de manera muy cruda: «Esto refleja una priorización de las necesidades militares sobre la obligación de proteger a los civiles y mitigar los daños a la población civil» (Médicos Sin Fronteras, 2025). Entonces resulta que ahora las instalaciones sanitarias deben demostrar que no son objetivos militares, en lugar de ser consideradas civiles automáticamente. Esta inversión de la lógica humanitaria imposibilita la evacuación segura de los centros médicos y deja a millones de personas sin acceso a la salud, atrapadas entre el fuego cruzado.
Este cambio de visión afecta desde sus cimientos al Derecho Internacional de los Derechos Humanos, donde ya se había incorporado “a las personas como sujetos de derecho internacional» (Castañeda Hernández, 2011, p. 12). La Declaración Universal de Derechos humanos, de 1948 estableció como «un ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse» la protección de los derechos humanos fundamentales (Asamblea General de las Naciones Unidas, 1948). Sin embargo, cuando quienes deberían garantizar esos derechos son los mismos que los vulneran, el sistema, inevitablemente, se resquebraja.
¿Y quiénes pagan el precio más alto? Pues quienes están en la primera línea, que son los que dan la cara y ponen el alma. Entre 2000 y 2023, el 86% de las víctimas humanitarias fueron personal nacional, trabajadores locales contratados en sus propios países (Médicos Sin Fronteras, 2025). Entre enero y octubre de 2024, esa cifra subió al 96%. Profesionales de la medicina, la enfermería y demás áreas de la salud, que conocen el terreno y la comunidad, que hablan el idioma y que comparten el dolor de la gente, son los que más están sufriendo: muchos son asesinados, son heridos, secuestrados, amenazados. La violencia contra la atención sanitaria ha alcanzado niveles récord, y el mundo parece que sigue mirando hacia otro lado.
El derecho a la justicia, como establece el artículo 2.3 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y los “Principios y directrices básicos sobre el derecho de las víctimas a interponer recursos y obtener reparaciones” (Resolución 60/147 de la Asamblea General de Naciones Unidas, 2005), exigen investigaciones efectivas y también la rendición de cuentas. Sin embargo, la impunidad sigue siendo la norma. Como señala el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas en su Observación n.º 31, «el hecho de que un Estado Parte no investigue las denuncias de violación de los derechos contenidos en el PIDCP puede ser de por sí una vulneración del Pacto» (Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, 2004). Y es que cuando los Estados no investigan los ataques contra personal sanitario, se convierten en cómplices de la violencia.
A pesar de todo este panorama que parece sacado de una pesadilla, hay una luz que no se apaga, y es la fuerza que nos debe mantener en pie: El Clúster Global de Salud, que opera en 27 países con más de 900 socios -dos tercios de los cuales son organizaciones locales y nacionales-, ha dicho algo fundamental: «Cuando los sistemas fallan, nuestros socios y actores locales no lo hacen. Permanecen, colaboran y actúan. Su resiliencia encarna la fuerza de la humanidad». (Clúster Global de Salud, 2025).
Esa resiliencia no es un concepto abstracto: es la enfermera que, a pesar del miedo, sigue administrando vacunas en una zona de conflicto. Es el médico que atiende a los heridos sin preguntar de qué lado están. Es el conductor de ambulancia que arriesga su vida para llegar a tiempo. Es el trabajador de limpieza que mantiene el hospital funcionando cuando todo parece derrumbarse. Esa resiliencia define a las y los trabajadores de la salud que, desde su lugar en ISAPEG, entienden que la vocación no se rinde ante la adversidad.
Pero también es la comunidad internacional que, a través de los tratados y mecanismos de protección, busca garantizar que los derechos humanos sean efectivamente respetados. Como señala la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, los Estados tienen la obligación de respetar, proteger y promover los derechos humanos. La obligación de respetarlos significa que los Estados deben abstenerse de interferir en el disfrute de los derechos humanos; la obligación de protegerlos exige que impidan los abusos contra individuos y grupos; y la obligación de promoverlos implica que deben adoptar medidas positivas para facilitar el conocimiento y, sobre todo, el disfrute de los derechos básicos. Cuando estas obligaciones se incumplen, el sistema internacional ofrece mecanismos regionales y universales, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, para presentar denuncias y exigir justicia (Vargas Cárdenas, 2022).
Por eso es que, como trabajadoras y trabajadores de ISAPEG, miembros de un sindicato que lucha por la dignidad de nuestra profesión, no podemos ni debemos permanecer pasivos ante esta realidad; y de esta convicción surgen las siguientes recomendaciones, que son como abrazos traducidos en acciones concretas que pueden marcar la diferencia:

1.- Cuidemos nuestra formación en Derecho Internacional Humanitario y en Derechos Humanos: Conocer las normas que nos protegen es el primer paso para exigir su cumplimiento. Si sabemos documentar y denunciar violaciones, estaremos construyendo un muro contra la impunidad. Como señala la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos: «el respeto por los derechos humanos requiere el establecimiento del estado de derecho en el plano nacional e internacional». Cada una y uno de nosotros podemos profundizar en el conocimiento de los tratados internacionales que protegen nuestra labor.
2.- Hagamos de la seguridad un hábito, no una ocurrencia: Revisemos protocolos, aseguremos la identificación clara de instalaciones y vehículos, mantengamos rutas de evacuación actualizadas. Nuestra seguridad es tan importante como la de nuestros pacientes. No podemos cuidar de otros si no nos cuidamos a nosotros mismos.
3.- Cuidemos nuestra salud mental, y la de nuestros colegas: El desgaste emocional es real y -lo peor- es acumulativo. Busquemos espacios de contención, hablemos de lo que sentimos, no normalicemos el trauma. Quien cuida también necesita ser cuidado. El acompañamiento mutuo es una de nuestras herramientas más poderosas.
4.- Visibilicemos a quienes están en primera línea: Desde SNTSA 37 debemos alzar la voz para que la cooperación internacional reconozca y financie adecuadamente a las organizaciones locales. Nuestros colegas nacionales son los héroes anónimos que merecen todo nuestro respaldo. La solidaridad no debe ser unidireccional; debe ser horizontal y sostenida en el tiempo.
5.- Exijamos justicia y rendición de cuentas: La rendición de cuentas no es un lujo, es un pilar del Estado de Derecho. Quien ataca la atención sanitaria debe ser llevado ante la justicia. Si no hay consecuencias, la violencia se repite. Recordando las palabras del Comité de Derechos Humanos de la ONU: “la falta de investigación puede ser en sí misma una violación de los derechos humanos” (Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Observación n.º 31).
6.- Defendamos la neutralidad de la ayuda médica: La politización de la asistencia humanitaria es una amenaza que debemos combatir. Debemos abogar por el acceso neutral e imparcial a la salud, sin importar el contexto político, religioso o geográfico. La salud es un derecho humano fundamental, no una moneda de cambio.
7.- Preparémonos para lo impensable: Impulsemos formación en gestión de crisis, logística humanitaria y manejo de entornos hostiles. La preparación salva vidas, incluidas las nuestras. No se trata de vivir con miedo, sino de estar listos para responder con eficacia y seguridad.
Cuidémonos, protejámonos, y recordemos siempre: la vida que salvamos, incluida la nuestra, es el bien más preciado que tenemos. En este Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, honremos a quienes han caído -pero no con palabras huecas-, con el compromiso renovado de cuidar a quienes cuidan. Porque, como afirmaba el Clúster Global de Salud, “salvar vidas no debería costar vidas”. Y desde cada rincón donde ejercemos nuestra vocación, tenemos la responsabilidad de ser las y los guardianes de la vida, pero también de ser defensores de nuestra propia seguridad. La asistencia humanitaria no es un acto de caridad; es un acto de justicia y de humanidad compartida. Y como trabajadores de la salud, somos la vanguardia de esa humanidad. Sigamos adelante, juntos, con la convicción de que cada vida que protegemos vale la pena.
Así, somos “más humanos que nunca”.
Paz y bien.
Referencias:
Asamblea General de las Naciones Unidas. (1948). “Declaración Universal de Derechos Humanos” (Resolución 217 A (III)). En: https://www.un.org/es/about-us/universal-declaration-of-human-rights
Asamblea General de las Naciones Unidas. (2005). “Principios y directrices básicos sobre el derecho de las víctimas de violaciones manifiestas de las normas internacionales de derechos humanos y de violaciones graves del derecho internacional humanitario a interponer recursos y obtener reparaciones” (Resolución 60/147). En: https://www.ohchr.org/es/instruments-mechanisms/instruments/basic-principles-and-guidelines-right-remedy-and-reparation
Castañeda Hernández, M. (2011). “El Derecho internacional de los derechos humanos y su recepción nacional”.
Clúster Global de Salud. (2025, 19 de agosto). “Mensaje en el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria”. Organización Mundial de la Salud. https://healthcluster.who.int/newsroom/news/item/19-08-2025-an-urgent-call-to-action-from-the-global-health-cluster
Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas. (2004). “Observación general n.º 31: La índole de la obligación jurídica general impuesta a los Estados partes en el Pacto” (CCPR/C/21/Rev.1/Add.13). https://www.ohchr.org/es/documents/general-comments-and-recommendations/general-comment-no-31-nature-general-legal
Médicos Sin Fronteras. (2025). “La atención médica en el punto de mira: Informe sobre ataques a la atención sanitaria en contextos de conflicto”. https://www.msf.cl/actualidad/nivel-record-de-ataques-contra-la-atencion-medica-en-conflictos-armados/
Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. (s.f.). “El derecho internacional de los derechos humanos”. https://www.ohchr.org/es/instruments-and-mechanisms/international-human-rights-law
Organización Mundial de la Salud. (2025). “Informe sobre ataques a la atención sanitaria (enero 2024 – agosto 2025)”. https://healthcluster.who.int/newsroom/news/item/19-08-2025-an-urgent-call-to-action-from-the-global-health-cluster
Vargas Cárdenas, P. A. (2022). “Nociones sobre los Derechos Humanos y su fundamento en el Derecho Internacional”. Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. https://www.bcn.cl/asesoriasparlamentarias/detalle_informe?id=154208