LIDERH (Laborario de Impulso a los Derechos Humanos

LOS HOMBRES TAMBIÉN LLORAN
DR. JOSÉ FÉLIX ROJO CANDELAS
SNTSA 37
10 junio 2026

“La virilidad no consiste en la fanfarronería, la bravuconería o la soledad. Consiste en atreverse a hacer lo correcto y afrontar las consecuencias, ya sea en cuestiones sociales, políticas o de otro tipo. Consiste en hechos, no en palabras”.
Mahatma Gandhi
En el rostro de muchos pacientes y en las estadísticas frías de nuestros reportes, es posible ver el costo silencioso que pagamos como sociedad cuando dejamos la salud mental de los hombres en el olvido. Somos testigos cotidianos de una paradoja que nos duele y nos desafía. Mientras las mujeres reportan con mayor frecuencia diagnósticos de depresión y ansiedad, son los hombres quienes se llevan la peor parte en las cifras de suicidio. Como señala la Organización Panamericana de la Salud (OPS), por cada mujer que muere por suicidio, 3.7 hombres pierden la vida de la misma manera.
Esta es una realidad que nos interpela directamente, porque no se trata de números: se trata de nuestros hijos, hermanos, padres, compañeros de trabajo y pacientes que no encontraron otra salida. En nuestro estado, Guanajuato, el suicidio se ha consolidado como la tercera causa de muerte en el grupo de 15 a 29 años, y la mayoría de estas muertes son de hombres que nunca pidieron ayuda.
Precisamente por eso, junio se ha instaurado a nivel internacional como el “Mes de la Salud Mental Masculina”. Esta iniciativa, propuesta en 1992 por la organización Men’s Health Network, busca visibilizar los problemas de salud mental en los hombres, históricamente relegados y silenciados por los mandatos de una masculinidad hegemónica que dicta que el hombre debe ser autosuficiente, fuerte y no mostrar vulnerabilidad. Como trabajadores de la salud, tenemos la oportunidad de aprovechar este mes para reflexionar y, sobre todo, para actuar.
Y es que no se trata de empezar una competencia de sufrimientos, sino de reconocer que los determinantes sociales y culturales han tejido una máscara de fortaleza que impide a muchos hombres pedir ayuda. Este es el momento de quitarnos esa venda y ver la raíz del problema.
En nuestra práctica diaria, vemos a hombres que llegan a los servicios de salud cuando ya es demasiado tarde. Llegan con dolores de espalda que resultan ser somatizaciones de un estrés no procesado, con gastritis crónica por una ansiedad no verbalizada, o vienen porque su cuerpo ya no aguanta el ritmo impuesto por una sociedad que les exige ser proveedores infalibles. Lo que rara vez vemos es a un hombre pidiendo ayuda a tiempo para atender su salud mental.


Los especialistas coinciden en que detrás de estas cifras existe una combinación de factores psicológicos, sociales y culturales. La dificultad para expresar emociones, el temor a ser percibidos como vulnerables, la presión por cumplir determinados roles sociales y la tendencia a enfrentar los problemas de manera aislada son barreras que retrasan la búsqueda de ayuda y agravan los cuadros que podrían abordarse oportunamente. Como señala el psicólogo Carlos Calvo, docente de la Universidad del Alba: “Muchas veces los hombres han sido educados bajo la idea de que deben resolver sus problemas solos, mostrarse fuertes y evitar expresar sufrimiento emocional. Esto puede retrasar la búsqueda de ayuda y agravar cuadros que podrían abordarse oportunamente”.
Hace algunos años, un joven de 28 años, trabajador de una fábrica de calzado en León, llegó a la unidad de salud después de un intento de suicidio. Durante las consultas, confesó que había vivido con una tristeza profunda durante años, pero no sabía cómo expresarla. Su única forma de alivio era el alcohol. “Mi papá me enseñó que los hombres no lloran, que tenemos que aguantar”, dijo entre lágrimas. Y lo peor es que su historia no es única; es el eco de un mandato cultural que hemos heredado y que, como sistema de salud, tenemos la responsabilidad de cuestionar.
En el Instituto de Salud Pública de Guanajuato se han dado pasos importantes en esa materia, como los chequeos preventivos enfocados en la salud masculina que ofrecen las unidades médicas, con la toma de presión arterial, colesterol, triglicéridos y niveles de azúcar en la sangre, además de orientación sobre factores de riesgo para cáncer de próstata y promoción del bienestar emocional y mental. La promoción de la vasectomía sin bisturí es otro ejemplo de cómo se busca romper tabúes sobre el cuidado del cuerpo masculino. Sin embargo, debemos preguntarnos: ¿estamos haciendo lo suficiente para cuidar su mente?
Porque la salud mental masculina, desde una óptica de derechos humanos, no es un asunto de hombres contra mujeres, sino una cuestión de justicia social. La deuda histórica con la salud de los varones es también una deuda con una sociedad más equitativa y libre de violencias. Aquí, en Guanajuato, tenemos ejemplos alentadores de que el cambio es posible:


“Masculinidades Positivas”: El Instituto Municipal para la Atención Integral de las Mujeres en Guanajuato, capital (IMAIM) ha comenzado a conformar grupos para atender la salud mental de los hombres en la capital, un programa denominado “Masculinidades Positivas”. La intención, y esto es clave, no es solo atender a los hombres, sino reducir los casos de violencia contra las mujeres. Estos grupos no buscan victimizar a los hombres, sino darles herramientas para que conozcan los tipos de violencia, aunque no sean generadores de agresiones, y para que aprendan a gestionar sus emociones sin recurrir a la agresión. Esta iniciativa dialoga con los esfuerzos legislativos en el estado para reformar la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, promoviendo masculinidades positivas que fomenten relaciones más justas, respetuosas e igualitarias, alejadas de estereotipos sexistas.
“El Instituto del Hombre en San Miguel de Allende”: El proyecto para crear un Instituto del Hombre en San Miguel de Allende es otro paso en esta dirección. Aunque ha generado debate, su propuesta de ofrecer acompañamiento emocional y legal a hombres en situación de vulnerabilidad, incluyendo la prevención del suicidio, nos obliga a preguntarnos: ¿por qué nos parece tan extraño que los hombres también necesiten un espacio de atención específico? Sobre todo, si consideramos que alrededor del 80% de los suicidios registrados en el municipio corresponde a hombres, una estadística que motiva la inclusión de programas de atención psicológica y mecanismos para la detección oportuna de factores de riesgo.
“Atención en los municipios más alejados”: Iniciativas como la de la UMAPS de Atarjea, que ofrece atención psicológica individual y grupal, trabajando en el desarrollo de competencias relacionales y promoviendo valores de igualdad de género, demuestran que es posible llegar a todas las comunidades. Durante 2024, se llevaron a cabo talleres vivenciales dirigidos a 230 adolescentes de este municipio enclavado en la Sierra Gorda, demostrando la importancia de incluir estos temas en la formación de los jóvenes.
Lo primero que debe quedar claro es que el enfoque que debemos implementar no es el de patologizar el sufrimiento masculino ni etiquetarlo como un “problema de hombres”. Es el de comprenderlo desde la ética del cuidado. Es entender que el sufrimiento psíquico de los hombres está atravesado por su experiencia de género. Es reconocer que la crisis de identidad que viven al intentar distanciarse del modelo dominante de masculinidad es un proceso doloroso que merece ser validado y acompañado.
Los expertos en salud mental coinciden en un punto fundamental: la importancia de romper estigmas, fomentar la conversación y buscar ayuda temprana para prevenir situaciones de riesgo. No se trata de crear “hombres más sensibles” en abstracto, sino de construir masculinidades
saludables, en las que el cuidado de uno mismo y de los demás no sea visto como una debilidad, sino como un acto de valentía y humanidad.
El peligro está en que, si no reflexionamos profunda y honestamente sobre este tema, el discurso de la salud mental puede estar operando como una nueva máscara que reactualiza los valores tradicionales, al centrarse en la “adaptación” y la “autenticidad” para poder seguir siendo un “sujeto empresario de sí mismo”. Debemos evitar caer en esa trampa. Nuestro deber es promover un modelo de salud que cuestione las estructuras que generan el malestar, y no solo adaptar a los individuos a un entorno enfermo.
Desde el ISAPEG y SNTSA 37, tenemos la responsabilidad ética y profesional de abogar por un sistema de salud que no solo cure, sino que prevenga. No podemos conformarnos con atender las consecuencias; debemos trabajar intensamente para transformar las causas.
La salud mental es un derecho humano fundamental, y la autonegación de este derecho por parte de los hombres es una violación estructural que nos debe doler como sociedad. La masculinidad tradicional exige de los hombres que sean fuertes, que aguanten y que no pidan ayuda. Pero ¿qué es la fuerza sino la capacidad de reconocer la propia vulnerabilidad y tener el valor para pedir apoyo?
Las personas trabajadoras de la salud somos testigos de primera línea de las consecuencias de esta violencia silenciosa. Cada intento de suicidio de un hombre que no pudo pedir ayuda es una llamada de atención que no podemos ignorar. Nuestra labor no es solo curar, sino también educar y prevenir. En nuestras manos está la posibilidad de construir un futuro donde los hombres de Guanajuato puedan llorar sin sentir que están traicionando su esencia, donde pedir ayuda sea un acto de sabiduría y no de debilidad.
Debemos construir, colectivamente, un modelo de salud que reconozca la plena humanidad de todos, sin distinción de género, desde la acción concreta, desde la reflexión y, sobre todo, desde la empatía. Porque al final del día, cuando un hombre deja de ser un “paciente” y se convierte en un “hermano”, en un “padre” o en un “colega”, su bienestar es el bienestar de toda la comunidad.
No dejemos a nuestros hombres en el silencio. Escuchémoslos. Atendámoslos. Cuidémoslos. Porque en el cuidado mutuo es donde realmente se construye una sociedad más justa y saludable.
En este mes de junio, y en todos los que vienen, hagamos que nuestra bandera sea la del cuidado, la escucha activa y la promoción de una salud mental sin estigmas.
Así, somos “más humanos que nunca”.
Paz y bien.
REFERENCIAS
1.- Díaz Robledo, B. (2026, 28 de marzo). Conforman grupos para atender problemas de salud mental para hombres. PortalGuanajuato.MX.
2.- Ortiz, C. (2025, 20 de julio). Alistan en Guanajuato Instituto especial para atender a hombres. Milenio.
3.- Secretaría de Salud de Guanajuato. (2025, 17 de febrero). SSG fortalece las relaciones de género en Atarjea. Boletines Dependencias.
4.- BioBioChile. (2026, 12 de junio). ¿Por qué junio es el Mes de la Salud Mental Masculina? Hombres son los que más mueren por suicidio. BioBioChile.
5.- Secretaría de Salud de Guanajuato. (2024, 17 de junio). SSG acerca más servicios preventivos a la población masculina. Boletines Dependencias.
6.- Secretaría de Salud de Guanajuato. (2024, 17 de junio). SSG exhorta a padres de familia a identificar riesgo de conducta suicida en adolescentes. Boletines Dependencias.
7.- Revista Personalidades. (2025, 16 de octubre). Analizan reformas sobre masculinidades positivas. Revista Personalidades.
8.- Gto Libre. (2025, 22 de julio). Guanajuato apunta al bienestar masculino: instituto municipal atenderá salud mental, legal y migratoria. gtolibre.com.
9.- El Maule Informa. (2026, 13 de junio). Junio, Mes de la Salud Mental Masculina: el costo de guardar silencio. El Maule Informa.