Deconstruyendo sin Violencia

¿Qué son los trastornos neurodivergentes? 
(Segunda parte)

Lic. Psic. Laura Imelda Hernández López
Unidad de Burnout
SNTSA 37
16 marzo 2026

En la primera parte de este artículo se abordó el concepto de neurodiversidad y se describieron algunos de los principales trastornos neurodivergentes desde una perspectiva informativa y empática. Sin embargo, comprender la neurodivergencia implica ir más allá de las definiciones clínicas y explorar cómo estas condiciones se manifiestan en la vida cotidiana, en los entornos educativos, laborales y sociales.

En esta segunda parte, se profundiza en otros trastornos considerados dentro del espectro de la neurodivergencia, poniendo especial atención en aquellos que han sido incorporados más recientemente al debate académico y social, así como en los retos y oportunidades que plantean para la inclusión.

En los últimos años se han incorporado con mayor fuerza al enfoque neurodivergente:

La dispraxia, conocida clínicamente como trastorno del desarrollo de la coordinación, se caracteriza por una adquisición y ejecución deficientes de habilidades motoras, que se manifiestan como torpeza, lentitud o imprecisión en actividades motoras cotidianas. Según la CIE-10, estas dificultades interfieren de manera significativa en las actividades de la vida diaria y el rendimiento académico o laboral, sin que se expliquen por una afección neurológica general (WHO, 2019).

Por último, el síndrome de Tourette y otros trastornos de tics se definen por la presencia de múltiples tics motores y uno o más tics vocales, que pueden variar en frecuencia, intensidad y complejidad a lo largo del tiempo. El DSM-5-TR establece que estos síntomas deben persistir durante más de un año y comenzar antes de los 18 años de edad (APA, 2022).

Del enfoque médico al enfoque social

El abordaje tradicional de estos trastornos ha estado dominado por el modelo médico, el cual prioriza el diagnóstico, la clasificación y la intervención clínica con el objetivo de reducir o normalizar las conductas consideradas atípicas. Si bien este enfoque ha permitido avances importantes en la identificación y el tratamiento, también ha contribuido a procesos de estigmatización y exclusión social (Kapp, 2020).

En contraste, el modelo social de la neurodivergencia sostiene que muchas de las dificultades asociadas a estas condiciones no derivan únicamente del funcionamiento neurológico, sino de la falta de adaptación de los entornos sociales. Desde esta perspectiva, la discapacidad emerge de la interacción entre la persona y contextos rígidos que no contemplan la diversidad cognitiva, lo que desplaza la responsabilidad hacia la creación de entornos accesibles, flexibles e inclusivos (Armstrong, 2010).

Implicaciones en la vida cotidiana y la salud mental

Las personas neurodivergentes suelen enfrentar barreras significativas en sistemas educativos y laborales diseñados bajo parámetros homogéneos. La ausencia de ajustes razonables, apoyos adecuados y comprensión institucional puede derivar en bajo rendimiento, exclusión, estrés crónico y afectaciones en la salud mental, como ansiedad y depresión (Doyle & McDowall, 2022).

Diversas investigaciones señalan, no obstante, que muchas personas con trastornos del neurodesarrollo presentan perfiles cognitivos específicos que incluyen habilidades como pensamiento creativo, atención al detalle, capacidad analítica o periodos de alta concentración. Estas características pueden convertirse en fortalezas cuando los entornos son inclusivos y se promueve una valoración integral de la diversidad humana (Armstrong, 2010).

Conclusiones

Los trastornos neurodivergentes deben comprenderse desde una doble dimensión: como categorías diagnósticas necesarias para el acceso a apoyos y servicios, y como expresiones legítimas de la diversidad neurológica humana. La perspectiva de la neurodivergencia invita a superar una lógica exclusivamente correctiva para avanzar hacia modelos basados en la comprensión, el respeto y la adaptación social (Singer, 2017). Promover sociedades neuro inclusivas implica transformar prácticas educativas, laborales e institucionales, reconociendo que la diversidad cognitiva no es una excepción, sino una condición inherente a la humanidad. Solo a través de este enfoque será posible garantizar la igualdad de oportunidades, el bienestar psicológico y el pleno ejercicio de derechos de todas las personas.

Referencias Bibliográficas

Asociación Americana de Psiquiatría. (2022). DSM-5-TR: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5.ª ed., texto revisado). American Psychiatric Publishing.

Armstrong, T. (2010). Neurodiversidad: Descubriendo los extraordinarios dones del autismo, el TDAH, la dislexia y otras diferencias cerebrales. Da Capo Press.

Kapp, S. K. (Ed.). (2020). Comunidad autista y el movimiento de la neurodiversidad: Historias desde la primera línea. Palgrave Macmillan.

Singer, J. (2017). Neurodiversidad: El nacimiento de una idea. Judy Singer. Organización Mundial de la Salud. (2019). Clasificación Internacional de Enfermedades para Estadísticas de Mortalidad y Morbilidad (11.ª rev.). Organización Mundial de la Salud.